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[CASO ABIERTO] Cristina Bergua

Tema en 'Caso Abierto' comenzado por Bentham, 14 de Septiembre de 2017.

  1. Bentham

    Bentham Administrator Miembro del Equipo

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    Cristina Bergua
    , de 16 años, desapareció el 9 de marzo de 1997 en Cornellá (Barcelona). Había estado esa tarde en casa de su novio, Javier R., y él la había acompañado durante un tramo del camino, pero no llegó a casa. Él era diez años mayor que ella y Cristina, que había empezado a salir con sus amigas, quería dejarlo. Pasadas las doce de la noche la familia comenzó la búsqueda tras poner la denuncia en la comisaría de Policía y tener que ver como las pesquisas no se iban a iniciar oficialmente hasta pasadas las 24 horas. El hermano de Cristina acudió a casa de su novio, quien no se inmutó ante la noticia y no participó en la búsqueda. Los ojos de los investigadores recayeron en él, pero su madre, presente en la casa esa tarde, le aportó una cuartada.

    Casi veinte años después de los hechos, el cuerpo de Cristina sigue aún sin aparecer. Un anónimo avisó de que podía estar en el vertedero de Gavá durante los primeros años de la investigación, pero fue infructuoso ya que la Policía buscó en un lugar erróneo por la mala información de los responsables del vertedero. Cuando tiempo después Juan Bergua, el padre de Cristina, vio el despliegue de recursos en la búsqueda de Marta del Castillo y la condena de su asesino, quedó satisfecho. Hace años creó la asociación Intersos, de ayuda a las familias de desaparecidos, y gracias a ellos las investigaciones y los recursos que hoy en día se emplean han dado un vuelco muy positivo. En su caso hay muy pocas posibilidades de resolución si alguien no habla o si no se hallan los restos de Cristina. El principal sospechoso vendió una propiedad y con el dinero creó una nueva vida en República Dominicana.

     
  2. Bentham

    Bentham Administrator Miembro del Equipo

    "Cristina Bergua Vera, de 16 años, falta de su domicilio desde la noche del domingo 9 de marzo de 1997. Mide 1,60 de estatura y es delgada, tiene el cabello castaño liso y largo, los ojos castaños y en el momento de su desaparición vestía una chaqueta de piel negra. La última persona que la vio fue un amigo, que se separó de ella en la carretera de Esplugues de Llobregat, cerca de la discoteca Batikano, de Cornellá..."

    Con este artículo, publicado en La Vanguardia, el jueves 13 de marzo de 1997, la prensa se hacía eco, por primera vez, de la desaparición de Cristina. El programa de Paco Lobatón "¿Quién sabe dónde?" también dio la noticia.

    En la tarde de aquel 9 de marzo, Cristina, que estudiaba 2º de BUP, comió en casa con sus padres, Luisa y Juan Manuel, que después salieron. Hacía buen día y se fueron a jugar a la petanca. ¿Pitu, no sales?, le dijo Dª Luisa antes de irse. Cristina estaba tocando la guitarra. Esperaría a que salieran para arreglarse con más tranquilidad y luego iría a ver a Javier, su novio. Se llevó mil quinientas pesetas (nueve euros), las llaves de casa y su DNI.

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    Javier Román, de 26 años -su novio desde hacía tres- era el joven que la prensa citaba como el amigo que la acompañó hasta la carretera, a la altura de la casa de su tía y muy cerca de la suya. Afirmó que había estado en su casa con Cristina hasta las nueve de la noche, cuando la joven dijo que tenía que marcharse a casa para cenar con sus padres y una prima. Los padres de Cristina negaron que existiese tal cena.

    Las amigas de Cristina afirmaban que había ido a verle para comunicarle su intención de romper con él.

    Luisa y Juan Manuel se alarmaron, porque su hija tenía la costumbre de llamar si se retrasaba. A las diez y cuarto de la noche, D. Juan Manuel se fue a poner una denuncia. Como de costumbre en este lamentable país en el que vivimos, cuando las primeras horas tras una desaparición son críticas, se encontró con que no se la admitían hasta el día siguiente. “Ya sabe usted cómo son los críos...”

    Germán, el hermano de Cristina fue dos veces a hablar con Javier aquella noche, la primera a las once menos veinte. Javier no se inmutó y se enrocó en la versión de que su novia había estado en la casa hasta las nueve de la noche y luego la había acompañado hasta la puerta del domicilio de su tía. La madre de Javier corroboró sus palabras.

    Germán, Luisa y Juan se pasaron la noche buscando a Çristina por todas partes... Javier no colaboró. No lo hizo aquella noche y nunca movería un dedo por encontrar a su novia. La familia de Cristina regresó a las 4 de la mañana y no dejaron de llorar hasta el amanecer. El padre volvió a la comisaría y, por fin, le permitieron hacer la denuncia. Juan describió a su hija como "Complexión delgada, 1,60 de estatura, pelo largo de color castaño, ojos marrones y una peca en la frente".

    La policía interrogó a Javier Román en varias ocasiones pero, aunque incurrió en ligeras contradicciones, no se pudo probar su implicación en la desaparición de su novia. También rastrearon las cloacas y colectores de la ciudad, que desembocan en el Llobregat, así como las riberas de dicho río, en búsqueda del cuerpo de la adolescente, pero sin éxito.

    Dado que la fuga voluntaria tampoco se contemplaba como posible, las perspectivas eran desalentadoras.

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    La familia de Cristina repartió 30.000 carteles con su foto por Cornellá y parte del Baix Llobregat. Más tarde se confeccionarían 10.000 pegatinas para que los vecinos de Cornellá las pegaran en sus automóviles durante las vacaciones de verano. Incluso hubo una asociación de radioaficionados que se pusieron en contacto con colegas de veintidós países de Europa para alertar de la desaparición y buscar pistas que permitieran localizarla.

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    El lunes 7 de abril se emitió un programa de “¿Quién sabe dónde?”, dedicado a Cristina.

    El sábado 10 de mayo, se manifestaron 5.000 personas en Cornellá para pedir el regreso de Cristina. Acción que repetirían el 12 de diciembre.
    El domingo 8 de junio, la prensa anunció que se había recibido un anónimo, dirigido a la comisaría de Cornellá, que al parecer contenía información acerca de los hechos, pero no trascendió nada de su contenido. Se decretó secreto de sumario.

    Un detective contratado por TV3 llegó a la genial conclusión de que Cristina no había sido secuestrada, ya que el nivel económico de su familia no permitía reclamar un rescate.

    Un sinvergüenza se hizo pasar por investigador privado y estafó a la familia 80.000 pesetas, diciendo que encontraría a la joven en mes y medio. Desapareció con el dinero.

    El día 19 de junio, D. Juan Manuel, el padre de Cristina, fue ingresado en el hospital de Bellvitge por insuficiencia respiratoria grave, en donde permaneció dos semanas, estando dos días en estado de coma. Afortunadamente se recuperó.


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    En marzo de 1998, María Sanahuja, juez del caso y titular del juzgado de primera instancia e instrucción nº 3 de Cornellá, ordenó el rastreo del vertedero del Garraf, que comenzó el día 17. Se contaba con mapas que indicaban el lugar de depósito de basuras por fechas. Se destinaron tres máquinas excavadoras y dos camiones. ¿Era esa la pista contenida en la famosa carta anónima? En efecto, así era.

    "Desde el primer momento se pensó que, en el caso de que hubiera sido el novio, una de las posibilidades de que se hubiera desecho del cadáver era tirándolo al contenedor... La basura de aquel mes estaba en un espacio equivalente a varios campos de fútbol. En ese momento me quedé muy impresionada de lo fácil que era deshacerse de un cadáver. Solo tenías que envolverlo, y ya estaba..."

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  3. Bentham

    Bentham Administrator Miembro del Equipo

    El Ayuntamiento remitió un escrito a la juez en el que pedía la suspensión inmediata de los sondeos, quejándose de su elevado coste, teniendo en cuenta que no garantizaban un resultado positivo. Se había fijado un máximo de cuatro meses de búsqueda, en una trinchera de cuatro metros de profundidad y veinte mil metros cuadrados de superficie, con un coste de unos cien millones de pesetas.

    Tirssa, la empresa encargada de la búsqueda, la interrumpió el 28 de abril, para indignación de los padres de Cristina. La jueza, en lugar de tomar medidas, aceptó los hechos consumados y se limitó a solicitar informes a la Generalitat y la policía. Los cuatro meses de búsqueda quedaban reducidos a uno. Para D. Manuel “Los 100 millones que significa para la Administración este trabajo es como para mí cinco duros”.


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    Luisa Vera: "Cuando Cristina vuelva, si quiere, que quite los peluches y las muñecas".

    El 4 de mayo de 1988, los padres de Cristina pidieron entrevistarse con la consellera de Justicia, Nuria de Gispert. “Estamos luchando para que no dejen de buscar indicios de Cristina en el vertedero del Garraf, no es justo que digan que dejan la búsqueda por falta de dinero”, dijo Dª Luisa Vera, madre de Cristina. “Todos queremos saber dónde están nuestros hijos, para bien o para mal”.

    La juez declaró que haría lo posible para que la búsqueda se reanudara en el mes de octubre.

    Pero no se comenzó a hablar del tema hasta enero de 1999. Y, finalmente, los padres de Cristina tuvieron que anunciar una huelga de hambre indefinida en la Plaza de Sant Jaume de Barcelona, que comenzaría el día 11 de febrero, porque la búsqueda seguía sin reanudarse.

    Al final, tuvieron que ser cuatro policías los que reemprendieran las labores de rastreo del vertedero. Nuria de Gispert declaró que su departamento asumiría el coste.

    Pero, para más inri, la jueza Sanahuja comunicaba a mediados de abril que la búsqueda se había hecho en un lugar equivocado. ¿Cómo era posible? ¿No habíamos quedado en que había mapas con la localización de los residuos por fechas? La jueza aseguraba que “parece que las basuras del mes de marzo se las haya tragado la tierra”.

    ¿La basura no estaba ordenada por meses y municipios? ¿O es que sólo faltaban las del mes de marzo del municipio de Cornellá?

    El 16 de junio de 1997, Sanahuja anunciaba que el caso quedaba sobreseído ante la falta de nuevas pruebas que permitieran esclarecer los hechos. Años después declararía que el caso de Cristina era el que más le había impactado. ¿Hizo lo suficiente?

    El viernes 20 de junio de 1997, Marta Ballesta –amiga íntima de Cristina- apareció en el programa de TV3 “Cas obert”, presentado por Ángel Casas.

    Aunque los primeros contactos se habían producido en el año 1997, en el mes de julio de 1998 quedaría constituida la Agrupació de Familiars de Desapareguts, INTER-SOS, asociación promovida por D. Juan Bergua y otros ciudadanos, dedicada a la búsqueda de personas desaparecidas sin motivo aparente.


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    El jueves 23 de diciembre de 1999 se trató el caso de Cristina en el espacio Alerta 112, de Antena 3.


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    El miércoles, 9 de marzo de 2005, ocho años después del cierre del caso, los padres de Cristina solicitaron su reapertura. Y en marzo de 2007 pedían a los amigos de su hija, ya mayores de edad, que intentaran recordar algún detalle de lo sucedido que pudiera servir de pista para reanudar la búsqueda.

    En diciembre de 2007, un juez reabrió el caso, que quedó en manos de los Mossos d'Esquadra. Los papeles del caso se remitieron a la sede de los Mossos, en Sabadell, que iban a inspeccionarlos con los últimos avances técnicos en busca de nuevos indicios.

    Tras analizar el anónimo, escrito a mano, se cotejó con muestras de escritura en el entorno de la víctima. Se encontró un perfil de ADN correspondiente a un individuo desconocido en los restos de saliva utilizada para pegar el sello y fragmentos de una huella dactilar en el sobre de la carta. Pero estos datos no fueron suficientes para avanzar en la investigación.

    En febrero de 2010, Juan Bergua, padre de Cristina, y la presidenta de Inter-Sos, Flor Bellver, se reunieron con el entonces presidente del Congreso de los Diputados, José Bono. Aparte de un detalle de peticiones, llevaban firmas de ciudadanos y de los presidentes de comunidades autónomas y parlamentos. Ernest Benach, presidente del Parlamento de Cataluña, no quiso firmar. D. Juan Bergua no se lo podía creer.


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    A Benach seguramente le importaba más tunear su Audi A8 limousina para convertirlo en oficina móvil, instalándole un reposapiés, una televisión y un escritorio. Total, sólo costó 20.000 euros. Veinte meses de trabajo para un mileurista. Cuando se retiró tenía asegurada una pensión de 104.000 euros durante los primeros cuatro años y otra vitalicia de 78.000 euros a partir de los 65 años. Se la había ganado... ¿Que habría sido de Cataluña sin sus inestimables servicios al pueblo catalán?

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    Inter-Sos pidió el establecimiento de un día del Desaparecido Sin Causa Aparente, para el que proponían el 9 de marzo, aniversario de la desaparición de Cristina. El Gabinete de Comunicación del Gobierno y el presidente del Congreso declararon que enviarían la petición directamente al presidente del gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero.

    Lo del Gabinete de Comunicación había sido en el año 2007. Tres años después, todavía estaban esperando. La mediación de Bono surtió efecto, y la propuesta fue aprobada.

    Javier Román se fue a Santo Domingo. Tras un tiempo viviendo en la República Dominicana, regresó a España y se trasladó a Zaragoza. Acabo en la cárcel, por tráfico de drogas en una cárcel zaragozana. En uno de los permisos penitenciarios aceptó trasladarse hasta la comisaría de Cornellà y entrevistarse con el sargento Pere Sánchez. "Dudo que tuviera más de 30 pulsaciones por minuto. No tenemos absolutamente nada contra él. Lo sabe y se siente confiado", describe el sargento. No se encontró ni un solo indicio nuevo para imputarlo.

    El 18 de febrero de 2015, Flor Bellver, presidenta de Inter-Sos, recibió un anónimo. "Busquen a Cristina en Gavà, en la riera de Sant Climent y Laguna del Remolar, que hay entre los cámpings antiguos, el Toro Bravo y el Tres Estrellas. Así, de esta manera se acabará este dolor que llevan durante todo este tiempo. Espero que para el próximo aniversario de su desaparición acabe todo lo que nunca tuvo que empezar." Se rastreó el origen del mensaje, tras un trámite burocrático que duró cuatro meses: un locutorio de Ca n'Oliva, en el barrio de la Verneda de Barcelona, cuyo dueño era un tal Mohamed Umer. No se pudo averiguar quien había escrito el anónimo enviado a las 11.30 de la mañana. El rastreo de la zona indicada en el mensaje también resultó infructuoso.

    Cristina no ha aparecido y nadie ha sido procesado. ¿Qué más se puede hacer?

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    "Sin el cuerpo del delito, sin una tumba en la que poner flores, yo me resisto a dar por muerta a mi hija... La incertidumbre es muchísimo peor que la muerte. Cuando tienes un hermano, hijo o padre que se muere sabes adónde ir a ponerle flores. Yo llevo 19 años buscando a mi hija y no sé si desde el primer día me la asesinaron... Me da todo absolutamente igual... Ya no era solo la angustia por la desaparición de mi hija. También asumía la incertidumbre y el miedo del resto de familias de desaparecidos. Demasiada carga. No podía más... Me gustaría no hacerlo. Cerrar los ojos un día y dormir sin pensar. Pero no puedo. No saber lo que paso me consume. Necesito saber la verdad para empezar a descansar..."
    Juan Bergua.

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