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[ASESINO EN SERIE] El asesino del Torso: La frustración de Eliot Ness

Tema en 'Caso Abierto' comenzado por The Yard, 21 de Septiembre de 2017.

  1. The Yard

    The Yard Member

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    Desde los años de la Gran Depresión, los vagabundos vivían a lo largo de Kingsbury Run, una zona cerca del río en Cleveland (Ohio), donde se refugiaban los miles de desocupados, cubriéndose con cartones y aumentando su población todos los días, con el paso de los trenes. El 5 de septiembre de 1934, apareció el llamado “Torso Playero”. Se trataba de un cadáver mutilado al cual se le había cortado a la altura de la cintura y las piernas al nivel de las rodillas. Los brazos y la cabeza nunca se encontraron. En el informe de la autopsia se dijo que el cuerpo había sido conservado un tiempo en cal. Al año siguiente, se encontraron dos cuerpos más, con mutilaciones similares. Al parecer el asesino tendría una predilección por las víctimas de las periferias, gente sin protección y más bien dedicada al vagabundeo, aunque se deprende de algunas lecturas sobre este tema que también había matado a “blancos”.

    Uno de los cuerpos contenía una mensaje singular, sobre la parte posterior de un muslo había dejado la figura del protagonista de una tira cómica llamada “Educando a Papá” (Bringing up father) que en Argentina fue publicado por el diario La Nación con el título de “Pequeñas delicias de la vida conyugal” La tira desarrolla las peripecias de un inmigrante irlandés en Estados Unidos, Jiggs (Trifón o Pancho en la traducción), quien se hace repentinamente millonario, pero no quiere abandonar a sus viejos amigos ni sus antiguas costumbres, para consternación de su esposa, Maggie (Sisebuta o Ramona), una arribista social encantada con su nueva situación la cual tiene un carácter dominante.

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    Dos meses después del inicio de los crímenes, se designó a Elliot Ness encargado de combatir la corrupción policial en la ciudad. Ness fue promovido a Investigador Principal de la Oficina de Prohibición para Chicago y en 1934 para Ohio. Después del final de la Prohibición en 1935, tomó un trabajo con la administración local de Cleveland como el Director de Seguridad Pública. Dirigió a una campaña para limpiar a fondo la policía corrupta y los cuerpos de bomberos, y también abordar el juego ilegal y otros entretenimientos. Chicago estaba en paz, así que ya no necesitaba a un agente carismático del lado de la ley, por lo cual Ness tuvo que buscar trabajo. A esta altura de la situación la prensa estallaba en rumores e información por lo que el autor misterioso estaba tomando protagonismo. Los asesinos seriales terminan dominando la atención de modo inevitable, hay en ellos un rasgo de vanidad y un intento de búsqueda de popularidad que nunca falla, mucho más si se dedican a plantar mensajes, no solo atractivos para todo el mundo si no también como un modo de desafiar y seducir al que los está atrapando. Un modo de entablar una relación seductora con la autoridad, un jugueteo simbólico.

    Otro cuerpo apareció en una cesta y al principio, unos curiosos confundieron aquellos despojos con varios jamones. La cesta contenía los restos desmembrados de una mujer; la policía determinó que llevaba poco tiempo muerta, pues se envolvió uno de los muslos con periódico del día anterior. La investigación reveló que faltaban algunas partes del cuerpo, entre ellos, la cabeza

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    Días después, dos niños negros que atravesaban Kingsbury encontraron una cabeza cortada, envuelta en un par de pantalones. El resto del cadáver se encontró el próximo día, a menos de una milla de distancia de la cabeza. La víctima era un hombre joven, alto, de alrededor de veinte años, que lucía varios tatuajes. La víctima también estaba viva cuando se le decapitó. Eliot tomo una decisión más cercana a la necesidad de terminar con todo que de dilucidar el acertijo: ordenó incendiar en su totalidad una zona de asentamiento de vagabundos, Kingsbury Run. Una escena espectacular que nos hace pensar más en una técnica a lo gangster que en la solución de un detective mesurado y silencioso. Era también un mensaje para el asesino del torso, un mensaje caprichoso y desesperado. Y como detalle final, Ness ordenó a la policía una detención masiva de todos los merodeadores de la zona en esa noche del incendio.

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    El 5 de junio de 1936 de hallaron los restos de un joven, otra vez en Kingsbury Run, al que llamaron “el hombre tatuado”, ya que nuevamente no consiguieron identificarle. Un testigo vio a un Sedan negro por las inmediaciones poco antes de ser descubierto el cadáver. El 10 de Septiembre de 1936 otra víctima más fue encontrada, era varón, 1,75 de altura y unos 70 kilos, decapitado e irreconocible, conocido simplemente “Numero 6”. Esta vez un testigo había visto una camioneta verde Ford, el 23 de Febrero de 1937, la parte superior del torso de una mujer apareció en las orillas del Lago Erie, el coronel se negó a vincularlo con el otro cuerpo aparecido en 1934, declarando que era mera casualidad. El 5 de junio de 1937 aparecería los restos de una mujer negra, los datos dentales sugirieron que era Rose Wallace quien había desaparecido semanas antes, pero no estaban seguros, en la bolsa con los restos estaba un periódico del 5 de Junio 1936, exactamente un año antes y el mismo día que hallaron al hombre tatuado. El asesino estaba jugando con la policía y con Elliot Ness. Aparece la víctima “número 9”, sus uñas estaban limpias y arregladas lo que les indicaba que no era un vagabundo y el método de desmembramiento era distinto, las incisiones eran dentadas y toscas el asesino tenía prisa, o su condición mental se deterioraba, el cuerpo había sido destruido y el corazón había sido arrancado de la caja torácica.

    Ness creó un perfil: podía ser un hombre rubio, diestro, fuerte, con conocimientos de cirugía, por el modo de desmembrar los cuerpos y la forma en que eran movidos de lugar, y que debía tener algún lugar oculto para efectuar los atroces crímenes y posteriores desmembramientos. La policía registró cualquier sótano, cuarto, guarida o lugar sospechoso, pero no se encontró nada. Las sospechas recayeron entonces en Francis E. Sweeney, hijo de una familia acomodada de Cleveland, y pariente de un congresista, que frecuentaba el suburbio de Kingsbury; era médico y que padecía de brotes psicóticos. Ness le realizó la prueba del polígrafo, la cual no superó, aunque antes de que pudiera ser arrestado ingresó voluntariamente en un centro psiquíatrico y debido a su estado mental, legalmente no podía ser procesado.

    El rival de Elliot Ness el comisario O`Donnell declaró el misterio resuelto al arrestar a Frank Dosel en Agosto de 1938, era un alcohólico y conocía a Flo Polillo una de las víctimas, conocido por su mal humor, la confesión firmada de Dosel no coincidía con los hechos y no se podía vincular con los crímenes, que sin duda eran el trabajo de la misma persona. Un defensor público descubrió que agentes le golpearon hasta que firmo la confesión, sospechosamente, Dosel fue hallado ahorcado en su celda.De repente los asesinatos cesaron pero en 1940 se hallaron tres cadáveres más correspondientes a dos hombres y una mujer en el interior de unos furgones, en un desgüace de Pensylvania. Los cuerpos aparecieron decapitados y habían permanecido bastante tiempo en el lugar.

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    Ness se vio obligado a cerrar el caso sin hallar un culpable. La reputación de Ness cayó en picado y le afectó profundamente. Quiso hacerse un hueco en la vida política y se presentó a la alcaldía de Cleveland en 1947, pero no salió elegido. Ironías del destino acabó alcoholizado, y pudo sentir cómo en un lapso corto de tiempo lamió tanto la miel del éxito como la hiel del fracaso. Murió en 1957, a los 54 años de edad, víctima de un infarto.
     
  2. Kamila

    Kamila New Member

    Desde los años de la Gran Depresión, los vagabundos vivían a lo largo de Kingsbury Run, una zona cerca del río en Cleveland (Ohio), donde se refugiaban los miles de desocupados, cubriéndose con cartones y aumentando su población todos los días, con el paso de los trenes.

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    El 5 de septiembre de 1934, apareció el llamado “Torso Playero”. Se trataba de un cadáver mutilado al cual se le había cortado a la altura de la cintura, y las piernas, al nivel de las rodillas. Los brazos y la cabeza nunca se encontraron. En el informe de la autopsia se dijo que el cuerpo había sido conservado un tiempo en cal.

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    Un año después, durante una calurosa tarde de septiembre de 1935, dos muchachos que jugaban a policías y ladrones tropezaron con una visión repugnante.

    Al fondo de una pendiente conocida como “La colina del asno" vieron algo extraño: el cuerpo de un hombre totalmente desnudo, salvo por sus calcetines negros. El cadáver estaba mutilado, decapitado, las extremidades cercenadas y los órganos genitales sesgados. Los calcetines no cubrían sus pies, sino muñones.

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    Cuando la policía llegó, encontraron otro cuerpo escondido entre la cizaña. Era de un hombre más viejo y estaba mutilado de igual manera, aunque al parecer llevaba allí más tiempo. Había marcas de soga en las muñecas. Los músculos en el cuello de la víctima se retractaron, indicando que el hombre no sólo estaba vivo, sino también consciente, cuando fue decapitado.

    La decapitación se había hecho limpiamente con un cuchillo extremadamente afilado. Pero a golpes. La víctima sufrió varios tajos en el cuello hasta que el asesino pudo decapitarlo por completo.

    Dos meses después del inicio de los crímenes, se designó a Elliot Ness como encargado de combatir la corrupción policial en la ciudad.

    Ness fue promovido a Investigador Principal de la Oficina de Prohibición para Chicago y en 1934 para Ohio. Después del final de la Prohibición en 1935, tomó un trabajo con la administración local de Cleveland como el Director de Seguridad Pública.

    Dirigió una campaña para limpiar a fondo la policía corrupta y los cuerpos de bomberos, y también abordar el juego ilegal y otros entretenimientos. Chicago estaba en paz, así que ya no necesitaba a un agente carismático del lado de la ley, por lo cual Ness tuvo que buscar trabajo.

    Ness era un agente del Tesoro que, después de abandonar Chicago y trasladarse a Cleveland (con el gánster Al Capone entre rejas por evasión de impuestos y sin la ayuda de sus "Intocables"), se vio obligado a remover cielo y tierra para detener al asesino, con el fin de acallar la vox populi preocupada por la seguridad de sus hijos.

    Eliot Ness, con su aura de leyenda a cuestas, se involucró tras el cuarto cadáver mutilado que encontraron. Se estableció sin lugar a dudas que estaban ante un asesino serial.

    Durante mucho tiempo, la policía buscó homosexuales con tendencias sádicas y fumadores de marihuana ofreciendo una recompensa de mil dólares que era una fortuna por aquel entonces.

    Otro cuerpo apareció en una cesta y al principio, unos curiosos confundieron aquellos despojos con varios jamones.

    La cesta contenía los restos desmembrados de una mujer; la policía determinó que llevaba poco tiempo muerta, pues se envolvió uno de los muslos con periódico del día anterior. La investigación reveló que faltaban algunas partes del cuerpo, entre ellos, la cabeza.

    Días después, dos niños negros que atravesaban Kingsbury encontraron una cabeza cortada, envuelta en un par de pantalones. El resto del cadáver se encontró el próximo día, a menos de una milla de distancia de la cabeza. La víctima era un hombre joven, alto, de alrededor de veinte años, que lucía varios tatuajes. La víctima también estaba viva cuando se le decapitó.

    Era obvio que tras aquellas muertes atroces la ciudad entera estuviera conmovida y en vilo. No había dudas: había un asesino serial entre los ciudadanos. Y seguiría matando. La prensa lo bautizó como “El Asesino del Torso” debido a la naturaleza de sus crímenes donde la cabeza siempre aparecía cortada.

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    Torso está considerado como el primer asesino en serie de la historia de Estados Unidos: un maníaco que despedazaba a sus víctimas y solamente dejaba el torso de los cadáveres, con cabeza, manos y pies amputados, lo que hacía imposible identificarlas, al no disponer siquiera de huellas dactilares o registro dental que comparar.

    A igual que Jack el Destripador, también enviaba cartas jactándose de sus crímenes. Este asesino era extremadamente meticuloso. No se encontraron manchas de sangre; las víctimas habían sido limpiadas pulcramente. Las mataba en algún sitio donde las limpiaba y luego las transportaba.

    El 22 de julio de 1936 otro cuerpo fue hallado: desnudo, acéfalo, tirado en una barranca con inmundicias. El 10 de septiembre encontraron otro en una cloaca cercana, en esta misma de la fotografía:

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    Con el trascurrir del tiempo, este asesino serial fue todo un desafío para Ness. Recordemos que era un agente del Tesoro, no estaba emparentado con las técnicas de investigación criminológicas, aunque había asistido a algunos cursos.
    Tampoco había perfiladores en aquellos tiempos. Sólo se bastaba a sí mismo, y su leyenda detrás.

    Los últimos cuerpos aparecieron en 1938.

    ¿Qué iba a hacer Ness para detener esta ordalía de crímenes?. Mandó a confeccionar un retrato robot basado en los testimonios de varios vagabundos que dijeron haber visto un hombre en las zonas donde fueron hallados los cuerpos.

    Pero no sirvió de mucho. Lo que sí se supo que las víctimas eran prostitutas y pordioseros, que el asesino tenía entrenamiento médico y narcotizaba a sus víctimas antes de matarlas. Esta era la clase de vagabundos de la zona:
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    Pero Ness tuvo una idea. Si el asesino buscaba sus víctimas de cierto semillero de mendigos que vivían en una zona determinada, haría desaparecer esa zona boscosa y acabaría con el criminal. Muerto el perro, se acaba la rabia, dicen. Y lo puso en práctica.

    Pero antes de poner en práctica esa idea, Ness encontró el cadáver de una mujer que supuso un duro embate a su corazón. La mujer parecía haber sido guardado un tiempo en el refrigerador, atada, desnuda, así como la podemos observar en esta imagen:

    Fue entonces que decidió prender fuego al asentamiento de vagabundos: zonas de bodegas abandonadas, casas maltrechas, cobraron resplandor en la oscuridad y ardieron destruyendo todo a su paso.

    Hubo inmensas quejas de parte de los pobladores, la indignación pública había escalado al extremo. Lo veían aquello como la acción típica de un desesperado que no puede dar caza a su escurridizo depredador.

    Al final, algunas deducciones condujeron a Ness a Frank Sweeney, un médico enfermo mental, como principal sospechoso.

    Pero el doctor negó su participación en los crímenes. Ness no se anduvo con chiquitas, y lo sometió a un escrutinio agudo para que confesara pero no lo hizo. Sin embargo, tras el interrogatorio el médico se internó voluntariamente en un instituto psiquiátrico. Y los crímenes se detuvieron.

    El final de la historia de Ness contra el Torso es archiconocido: sumido en una aguda depresión, por no estar seguro de haber dado con el asesino, terminó
    decantando en aquello por lo que había combatido tan duramente en Chicago: el alcohol. Murió en un accidente de auto en el que manejaba pasado de copas. Una década más tarde, una vez los crímenes se habían detenido, Ness recibió muchas tarjetas postales que provenían de una institución para pacientes con problemas mentales.

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    En las tarjetas, se reían de él en referencia a los crímenes del Torso.

    Eliot Ness no le dio importancia, ya había pasado demasiado tiempo de aquello. Pero es curioso de donde provenían las cartas: de un instituto psiquiátrico, ¿el mismo donde aquel médico se confinó tras el interrogatorio de Ness?

    Para la policía, el caso del “Asesino del Torso” nunca fue cerrado.
     
    Última modificación por un moderador: 2 de Noviembre de 2017

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