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[CRÓNICA NEGRA] El secuestro de Anabel Segura (1993)

Tema en 'Caso Cerrado' comenzado por Bentham, 24 de Agosto de 2017.

  1. Bentham

    Bentham Administrator Miembro del Equipo

    El lunes 12 de abril de 1993 la joven estudiante de 22 años Anabel Segura Foles, salía de su domicilio de la urbanización Intergolf, situado en una lujosa zona residencial de La Moraleja (Madrid), para ir a correr. Nunca se la volvió a ver con vida. Este caso y su investigación, que se alargó durante casi 900 días, marcó una época en la investigación criminal en España.

    El único testigo de los hechos, un hombre de 62 años jardinero de la urbanización, tan solo pudo alcanzar a ver una furgoneta blanca huyendo del lugar. No había ningún dato más. Rápidamente se informa a la Policía Nacional y se hace cargo del asunto el grupo de atracos y secuestros de la Brigada Provincial de Policía Judicial de Madrid, dirigido por el entonces inspector Jaime B. El móvil económico parecía estar claro. El padre de Anabel era José Segura Nájera, director de la empresa Lurgi Española S.A., una compañía dedicada al estudio, investigación, desarrollo y aplicación de procesos de ingeniería y a la construcción de plantas industriales, que contaba con un capital empresarial de 120 millones de pesetas. Además, el señor Segura tenía muy buenos contactos, como pronto advertirían los investigadores.

    Dos días después de la desaparición de la joven, la familia recibe una llamada de los presuntos secuestradores exigiendo 150 millones de pesetas (unos 900.000€). Durante todo el tiempo que duró la investigación se realizaron 16 llamadas exigiendo rescate. No siempre son los auténticos autores los que llaman. Frecuentemente aparecen algunos oportunistas que tratan de cobrar el rescate, es por esto que resulta vital en los primeros instantes establecer algún tipo de código con los auténticos secuestradores, toda vez que se ha conseguido confirmar que estamos ante los verdaderos delincuentes.

    El despliegue de medios y personal en la investigación del caso era muy importante. Aunque la policía investiga todos los secuestros, dedicando medios y recursos a ello, este caso fue especial. Por la víctima, su familia y lo mediático del asunto. José Segura, padre de Anabel, tenía amistades importantes como el entonces presidente del gobierno español Felipe González. En ocasiones el mismo Felipe González llamaba personalmente a los investigadores para conocer la marcha del asunto o para hablar con el padre. Al principio causaba estupor en los investigadores el hecho de descolgar el teléfono en casa de las víctimas y escuchar “soy Felipe González, póngame con el señor Segura”. Al policía de turno, aunque le sonaba la voz no daba crédito y preguntaba a continuación “¿el presidente?”. Por otro lado, el portavoz de la familia era Rafael Escuredo, ex presidente de la Junta de Andalucía. Mucha gente importante interesada en el caso y evidentemente se puso toda la carne en el asador para tratar de resolverlo.

    Al principio se barajó la posibilidad de un asunto de espionaje industrial de alto nivel, y aunque pronto se descartaría había que seguir todas las posibilidades. El 16 de abril los secuestradores vuelven a llamar exigiendo el pago del abultado rescate. La familia, a pesar de los consejos policiales en sentido contrario, decide efectuar el pago movidos por la angustia. El 24 de abril el portavoz de la familia, Rafael Escuredo, anuncia a los secuestradores que tiene listo el rescate y se establece una cita para el pago. A la misma acudiría también la policía, mucha policía. El despliegue es impresionante y aunque se tomas medidas de precaución los secuestradores no aparecen a recoger el dinero. ¿Se lo olieron?, ¿vieron el enorme despliegue?. En argot policial se dice “nos han mordido” cuando los delincuentes detectan a la policía y estos se dan cuenta. Lo cierto es que los secuestradores no acuden a la recogida del rescate.

    En las negociaciones por secuestros es muy importante exigir una “prueba de vida”. Es decir, una prueba de que el secuestrado esté vivo. De lo contrario, la familia puede perder al familiar y el dinero. En este caso, los negociadores de la familia, aconsejados por la policía, exigieron una y otra vez la prueba de vida. Finalmente el 24 de mayo los secuestradores afirman tener pruebas de que Anabel se encuentra viva y en buen estado.

    Pocos días después se recibe en casa de la familia Segura una cinta magnetofónica con un mensaje de Anabel para su familia.

    “(una voz femenina muy débil): Hola padres, estamos a 22 de junio de 1992. Quiero deciros que estoy bien dentro de lo que cabe. Esta gente no me cuida mal, pero me gustaría estar en casa con vosotros, porque ya llevo bastante tiempo aquí y tengo muchas ganas de veros a todos vosotros, así que a ver si todo esto se termina pronto. Hasta luego papá. Adiós mamá. hermana, te quiero mucho. Adiós”.

    A continuación se escucha la voz de uno de los secuestradores.

    “(voz masculina): Ahora escúchenme con atención. Han escuchado la voz de Anabel. Si no se cumplen todas nuestras peticiones en la entrega del dinero, dentro de treinta días después de recibir nuestra cinta, la ejecutaremos…
    “…Y repito, y perdóneme mi, digamos, oportunismo, o digamos mejor dicho, que sea tan reiteradamente un poco pesado, esta situación se está complicando mucho, está poniendo en peligro nuestra pequeña organización de delincuencia organizada…”
    “…Y el señor portavoz de la policía, don Manuel Jiménez, que se cree que todo lo sabe y para mi humilde opinión sabe menos que los pimientos colorados…”
    “…Investigar que investiguen por donde quieran. No van a encontrar nada, nada de nada. Y errores, como comprenderá, hemos cometido creo, no vamos a decir ninguno, pero muy poquitos o ninguno…”

    Cuando la familia escuchó la cinta el primer día el padre dijo que esa no era Anabel, la madre dijo que esa no era su hija, Sandi, hermana de Anabel, dijo que esa no era su hermana, y el novio dijo que esa no era la voz de Anabel. La policía cree entonces que esa no es la voz de Anabel. A la semana el padre pide la cinta otra vez, y dice que la cosa es que a su mujer le parece la voz de la chica. A los diez días ya toda la familia estaba convencida de que esa era la voz de Anabel. Es lógico, si el secuestrador les dijo en una llamada que iba a mandarles la voz de Anabel para que comprobasen que estaba viva, está claro. Si esta no es la voz Anabel, significa que su hija está muerta. Así que no tenían mas remedio que aceptar que era la voz de Anabel para poder seguir manteniendo la esperanza. Se autoconvencieron.

    La cinta es sometida a todo tipo de análisis lingüísticos, intentando ubicar geográficamente la localización del secuestrador en base a las particulares expresiones empleadas por el sujeto que habla. Incluso la carta en la que se envió la cinta fue sometida a un análisis el ADN, un método muy sofisticado en aquel momento. Se hicieron copias de la cinta y se enviaron equipos de policías a todos los centros penitenciarios del país para ver si algún interno reconocía la voz. Todo en vano, no aparecían pistas fiables.

    El estudio de la cinta enviada a la familia de Anabel, parte del cual se hizo en Alemania, reveló otro dato de interés. Muy al fondo se oía la voz de unos niños. Por tanto, quien la grabó tenía una vida bastante normalizada. Además, los pinchazos telefónicos demostraban que una de las llamadas de los asesinos se hizo desde una cabina de Vallecas, barrio que se peinó palmo a palmo.

    El tiempo transcurría si avances significativos, para desesperación familiar y preocupación policial. En estas situaciones es comprensible que una familia angustiada y con recursos promueva el uso de cualquier método para intentar resolver el caso, por poco ortodoxo que sea en la práctica policial. Se probó con la sofronización (una técnica relacionada con la hipnosis para aumentar los niveles de conciencia) con el único testigo presencial de los hechos, el jardinero de la urbanización, pero los resultados no fueron satisfactorios.
     
  2. Bentham

    Bentham Administrator Miembro del Equipo

    Las llamadas de videntes a la familia se multiplicaban. Todos afirmaban tener algún dato relativo al secuestro o a la ubicación de la víctima. La policía interrogaba a todos los videntes y pseudochamanes que afirmaban tener información sobre el caso. No se despreciaba nada, por absurdo que pareciera. Uno de los videntes afirmaba que Anabel estaba enterrada en la Plaza Mayor de Salamanca. Dos agentes se desplazaron con el supuesto vidente hasta dicho lugar e incluso llegaron a registrar los bajos de un local de la plaza. Nada.

    Había dos tipos de videntes, el listo, que le decía a la familia que Anabel estaba viva, y a ese la familia de la víctima le invitaban a comer, o le daban 25.000 pesetas y tan ricamente. Había uno que iba casi todas las semanas. Y luego estaba el burro, que les decía que estaba muerta, y de esos no querían saber nada. El padre de Anabel ha tenido muy malas experiencias y no traga a los videntes, pero se agarraban a cualquiera que les diese un poco de esperanzas.

    En el verano de 1993 la redacción de Mas Allá contactó con la empresa privada PSI-TECH, un grupo de ex-funcionarios de las Fuerzas Armadas norteamericanas, que habían formado parte de los programas de “visión remota”, esto es, la utilización de videntes y sensitivos con fines de espionaje. El director de la revista José Antonio Campoy, que conocía al padre de Anabel, contacta con la BPPJ y pone a su disposición los investigadores de PSI-TECH.

    Este equipo de élite norteamericano estaba integrado por las siguientes personas: general Albert “Bert” N. Stubblebine, militar retirado de sesenta y tres años de edad, que afirmaba haber descubierto –entre otros- el paradero del General Dozier secuestrado en Italia por las Brigadas Rojas (oficialmente el paradero de Dozier se descubrió gracias a un soplo de la Mafia norteamericana). La película “Los hombres que miraban fíjamente a las cabras” está basada en sus experiencias con unidades militares psíquicas; Dawn Evans, jefa de producción de una empresa de seguimiento de satélites, de 37 años, y ex-analista de la Inteligencia Militar; Lynn Buchanan, sargento retirado del Servicio de Inteligencia Militar de 54 años y experto en ordenadores, elegido por Stubblebine para el grupo en 1984; y Rima Laibow, psiquiatra conocida por sus trabajos sobre personas que han pasado por Experiencias Cercanas a la Muerte (E.C.CM.) y abduccidos por OVNIs.

    Ante el impresionante despliegue el jefe de la investigación, inspector Jaime B., manifestó “¡Coño!, estos venían tan bien recomendados, con tanta pompa yanki y con esos currículuns militares que, ¡jodér! por un momento pensamos que podían ayudarnos a encontrarla…”

    A casa de la familia Segura fueron muchos videntes. Algunos auténticos sinvergüenzas, que veían la debilidad que había en la familia por la desaparición de la hija, y la explotaban. Y claro, el padre llamaba a los policías y les decía: “es que hay aquí uno que dice que sabe donde está, que ha tenido una visión…” ¿Y que se le dice a esos padres desesperados?.

    Cuando los videntes iban a la policía no les hacían ni caso, pero claro, al cabo de tres días el padre de Anabel volvía a llamar para preguntar si se había comprobado lo que le había dicho el vidente, y naturalmente se les encogía el corazón. Se veían en la obligación de darle una respuesta, así que tenían, moralmente, que comprobar algunas de las informaciones de videntes, no por creer en ellos, sino por respeto a la familia de Anabel. Incluso el padre llegó a decirles que si no lo investigaba la policía contrataría a detectives, y no les parecía correcto que siguiese tirando el dinero. Además hay que añadir las presiones políticas que les obligaban a trabajar con videntes también…

    La mayoría de los videntes que iban a la familia les querían sacar dinero. Por lo menos los americanos no se atrevieron a pasarle la factura a la familia. Todos los yankis coincidían en que Anabel estaba muerta. Era lo único en lo que estaban de acuerdo. El informe que redactaron estaba escrito con mentalidad americana. Hablaban de fincas valladas como las granjas americanas, y cosas así. Vinieron a España, tuvieron unas vacaciones pagadas y se fueron tan contentos.

    Pasaron cientos de videntes por las dependencias policiales, y cada uno decía una cosa. Sin embargo hubo una vez que tres videntes distintos hablaron por separado de un mismo pueblo de la provincia de Guadalajara, y eso mosqueó a los agentes. No sólo por que coincidiesen 3 videntes, sino porque se ocultó a la prensa que el primer pago del rescate se intentó en la provincia de Guadalajara, eso no lo sabía nadie. Por lo tanto, cuando un vidente hablaba de Guadalajara se le prestaba más atención. Igual que cuando hablaban de Cuenca, que fue donde se intentó el segundo pago. Y hubo tres que coincidían en que Anabel estaba enterrada muy cerca del primer punto de entrega, a 60 kilómetros para ser exactos. Uno era Octavio Aceves, el de la tele. Pero nada, al final tampoco sirvió de nada. En otra ocasión una vidente fue a ver a la policía con una pista indirecta. Ella decía que había ido a su consulta una mujer muy preocupada porque creía que el novio de su hija estaba involucrado en lo de Anabel por comentarios que hacia, y la vidente, con muy buen sentido, acudió a la policía. Aunque al final tampoco había nada detrás de esta pista.

    El ritmo de trabajo era infernal, además todos los investigadores estaban identificados con la familia Segura y compartían su dolor. Había policías viviendo a turnos en la residencia familiar de los Segura. Era difícil no implicarse emocionalmente.

    Se obtuvo un dato interesante de la famosa cinta grabada con la supuesta voz de Anabel y las exigencias de los secuestradores, una posible pista. Los agentes creen escuchar de fondo el empleo de la expresión “bolo”, propia de Toledo. No parecía un gran avance, pero se tomó nota.

    El 20 de enero de 1994 se hace público un retrato robot de uno de los presuntos autores. Una señora de edad avanzada les había visto merodear por la zona días antes del secuestro. Pero tanto los datos aportados como el retrato robot eran demasiado genéricos, sin datos concretos. Ministerio del Interior ofrece una recompensa de 15 millones de pesetas por cualquier pista que pueda conducir a los delincuentes. Un mes después la familia Segura aumenta dicha recompensa añadiendo 15 millones más. El 26 de noviembre de 1994 se aumenta la suma de la recompensa hasta los 60 millones de pesetas. Videntes, estafadores y oportunistas merodean en busca de dinero. Durante el tiempo que duró la investigación se detuvo a varias personas que llaman a la familia haciéndose pasar por los secuestradores y que intentaron cobrar el recate.

    La policía y la familia, desesperados ante el estancamiento de la investigación, toman la decisión de difundir a través de la radio y televisión la voz de los secuestradores que habían telefoneado a la familia Segura. El 06 de abril de 1995 se hace un especial sobre el secuestro de Anabel en el programa de TVE ¿Quién sabe dónde?. Las principales cadenas de radio se unieron también a la causa, en una iniciativa hasta entonces inédita. España entera se moviliza. Se producen miles de llamadas aportando datos de posibles autores. Era necesario analizarlas e investigarlas una a una, muchísimo trabajo, pero ahí estaba la clave que faltaba.
     
  3. Bentham

    Bentham Administrator Miembro del Equipo

    El 29 de junio de 1995 una de las llamadas que pretendía identificar la voz del secuestrador apuntaba a un tal Emilio Muñoz Guadix, alias “El Facha”, al que conocía de haber sido compañero de trabajo. La policía comprueba que su voz se parece mucho a la del secuestrador. Además reside en un pueblo de Toledo y conduce una furgoneta blanca, tiene hijos pequeños en edad similar a las que se escuchan de fondo en la famosa cinta con la voz de la supuesta Anabel, se le realizan escuchas, se comprueba el timbre de su puerta suena igual que el que aparece en la grabación, conoce La Moraleja por su profesión de repartidor de paquetería, tiene familiares en un pueblo de Guadalajara cercano al que se señaló para la primera entrega, y sus características físicas, perfil psicológico y antecedentes, coinciden con el de uno de los posibles secuestradores. Cuando los agentes pusieron la cinta a los compañeros de Emilio Muñoz en “Mail-Boxes”, la empresa de mensajería en que trabajaba, estos reconocieron la voz de forma tajante. Emilio “El Facha” va ganando puntos en la escala de sospechosos, y se establece un operativo de vigilancia y seguimiento.

    Los investigadores resultaron bastante decepcionados con los estudios de voz realizados sobre las grabaciones de los secuestradores. En aquella época la técnica no estaba muy avanzada y se produjeron numerosos fallos. Como el caso de aquel guardés de un pueblo de Guadalajara. Una de las numerosas llamadas identificando las voces difundidas en los medios apuntaba a este señor. De forma encubierta se obtiene una muestra de su voz y se envía a pericias de voz en la Comisaría General de Policía Científica para su estudio. Allí certifican que, con gran probabilidad, es la misma voz que la que aparece en la cinta exigiendo un rescate. A los investigadores, sin embargo, no les parece la misma voz, pero debido a las presiones del caso y al informe pericial certificando que es la misma voz (con muy altas probabilidades) se ven obligados a detenerle. Tras unas prontas comprobaciones determinaron que no tenía nada que ver.

    Cuando finalmente los investigadores ya tenían indicios que apuntaban a Emilio Muñoz como a uno de los autores, vuelven a enviar una muestra de la voz de este señor, que han logrado grabar, y se la envían a policía científica para que la comparen con las voces de los secuestradores. Para desesperación de los agentes de secuestros, policía científica vuelve a errar y les dice que no es la misma voz. A ellos les resulta evidente que sí.

    Otra de las pifias con los análisis de voz es el trabajo efectuado por el prestigiosísimo profesor Hermann Künzel, de la Bundeskriminalamt alemana. Hasta la ciudad de Wiesbaden se desplazaron los agentes para obtener de la mayor autoridad mundial en el diagnóstico de voces un análisis de la cinta que recogía la supuesta voz de Anabel Segura. En su análisis el experto concluyó:

    “La secuestrada se encuentra en un estado anímico deplorable, absolutamente pesimista en cuanto a su futuro y su liberación y con ninguna o pocas esperanzas de salir con vida. Es muy improbable que sea una voz de mujer fingida. He oído frecuentemente voces grabadas en tales circunstancias de secuestros y tanto el texto como la inflexión de la voz de Anabel son características de un secuestro”.

    Todo el mundo deseaba anotarse el tanto de la liberación de Anabel Segura. Era un caso sumamente mediático, y su resolución reportaría fama y prestigio. Aunque la investigación la llevaba el Cuerpo Nacional de Policía, la Guardia Civil estaba al quite, por si saltaba algo. Y saltó, o eso pensaron. En aquella época la coordinación no era demasiado buena, básicamente se basaba en la premisa “pájaro que vuela, a la cazuela”. Hoy tampoco es que sea para tirar cohetes, aunque algo ha mejorado. A lo que íbamos, la Guardia Civil recibió una información diciendo que Anabel se encontraba retenida en un piso situado en el número 5 de la calle López de Mora de Vigo. Sin encomendarse a Dios ni al Diablo, sin avisar a la Policía Nacional, y lo que es peor, sin hacer las comprobaciones necesarias, deciden asaltar el piso de Vigo. El día ocho de julio de 1995 agentes de la UEI (Unidad Especial de Intervención, equivalente el GEO de la policía) de la Guardia Civil asaltan con explosivos el citado piso. No estaba Anabel, tan solo estaba una profesora que se llevó el susto de su vida.

    Tenían un sospechoso claro, pero por el momento tan solo contaban con indicios que apuntaban a Emilio Muñoz. Nada concreto, faltaba confirmar las sospechas. ¿Qué hacer?, es en esos momentos de dificultad o incertidumbre cuando hay que dar un paso adelante y los buenos investigadores destacan. El 27 de septiembre de 1995 Jaime B. decide una jugada arriesgada. Saben que Emilio tiene un hermano, Alfonso, e intuyen que ha reconocido su voz en la difusión hecha en los medios de comunicación. Van a interrogarle sobre la autoría del secuestro por parte de su hermano. No puede haber medias tintas, se juegan el todo por el todo, si no sale bien Emilio Muñoz sabrá inmediatamente que están tras su pista. La peor de las posibilidades. Finalmente le paran y le dicen que saben que su hermano ha secuestrado y matado a Anabel. Alfonso confiesa reconocer la voz de su hermano como la del secuestrador, pero asegura que no le ha dicho nada. Le preguntan por la otra voz, el presunto cómplice, y dice no saber quién es. El interrogado está colaborando, pero puede que esta situación no dure mucho, hay que aprovecharlo al máximo. Le preguntan por amigos de Emilio y surge el nombre de Cándido Ortiz. Rápidamente trasmiten la información a base y los compañeros van sacando todos los datos de este sujeto. Aprovechando la coyuntura favorable y la colaboración de Alfonso, consiguen que este llame por teléfono a la casa de su hermano y hable con Felisa, su cuñada y mujer de Emilio. Se trata de hacerle preguntas para tirarle de la lengua, con la esperanza de que diga algo y quede grabado en el teléfono que está intervenido. Alfonso llama al teléfono fijo y habla con Felisa. Los investigadores sabían que en esos momentos Emilio estaba fuera trabajando. Alfonso dice a Felisa que la policía le ha estado haciendo preguntas, que están investigando a Emilio por la desaparición de Anabel, y le pregunta si sabe algo del tema. Ella empieza negándolo, pero ante las insistentes preguntas que le iba haciendo, finalmente acaba confesando que el día de los hechos Emilio le dijo que habían secuestrado a una chica. Luego, con amenazas, la obligaron a simular la voz de Anabel en una grabación. Ya tenían una confesión de Felisa que implicaba a Emilio. Todavía quedaba localizar a Anabel…. o su cadáver. A contrarreloj se realiza un dispositivo para detener a los tres sospechosos y se solicitan los correspondientes mandamientos de entrada y registro. Es vital detenerlos por separado y que no se comuniquen. Hay que sacarles donde está Anabel. Por fin, el 28 de septiembre de 1995 se realiza la detención de Emilio Muñoz Guadix, de 40 años, churrero de Pantoja (Toledo) y repartidor de paqueteria; Cándido Ortiz Añón, de 38 años, Fontanero de Escalona (Toledo), y Felisa García Campuzano, de 39 años, esposa de Emilio, y autora de la supuesta voz de Anabel grabada en la cinta. La policía está convencida que Anabel ha muerto. Cuando se detiene a Cándido se le dice: “ya sabes por lo que venimos. Emilio nos ha dicho que la mataste tú”. Se confirman los peores presagios, Cándido ratifica que la secuestraron y que la mató Emilio. Asegura que está enterrada en una nave abandonada de Numancia de la Sagra (Toledo). Emilio y Felisa también confiesan. Esa misma noche los agentes son conducidos por los detenidos a las proximidades de una fábrica de cerámica derruida situada en Numancia de la Sagra (Toledo), donde se encuentran los restos cadavéricos de Anabel Segura Foles, parte de un chándal, unas zapatillas de deporte y calcetines de color blanco. Uno de los casos más complejos de la investigación criminal en España está finalmente resuelto, aunque con un final trágico para la familia Segura. EPÍLOGO Los interrogatorios a los acusados, así como el posterior juicio, desvelarían más detalles sobre la trama criminal. Emilio Muñoz Guadix y Cándido Ortiz Añón, agobiados por problemas económicos, pergeñaron un insostenible y precario plan de secuestro con el que poner fin a sus dificultades.
     
  4. Bentham

    Bentham Administrator Miembro del Equipo

    La elección de la víctima resultó ser meramente fortuita, para desgracia de Anabel, y su realización tan chapucera, que incluso llegaron a quedarse sin gasolina mientras transportaban a Anabel en el interior de la furgoneta. Realizaron un recorrido por distintas carreteras de Madrid, así como de provincias limítrofes hasta que, próximo el anochecer, bajaron los tres del vehículo. Emilio Muñoz y Cándido Ortiz ataron a Anabel Segura de pies y manos y, tras colocar una cuerda alrededor de su cuello, la mataron ahorcándola. ¿Porqué matarla si el objeto del secuestro era económico?, no está claro, probablemente fuera debido a una mezcla de improvisación, la resistencia de Anabel y a la constatación de que la víctima les reconocería. Cuando esa misma noche del día 12 de abril, Emilio Muñoz volvió a su casa, comunicaría a su mujer, Felisa García Campuzano que Cándido y él habían “secuestrado” a una chica. A pesar de haber matado a Anabel, su avaricia les movió a llamar a la familia e intentar conseguir un rescate. Se intentó el pago en un par de ocasiones. Al no conseguir su objetivo en ninguna de esas ocasiones decidieron, aproximadamente un mes mas tarde, grabar una cinta simulando la voz de Anabel Segura, lo que realizó Felisa introduciéndose para ello en la furgoneta, que se encontraba en el garaje de su casa, y cuando ésta ya conocía que Anabel Segura estaba muerta. Emilio y Cándido serían condenados a un total de 43 años y diez meses de cárcel. Felisa fue sentenciada a dos años y cuatro meses de cárcel por un delito de encubrimiento de detención ilegal. El 22 de junio de 2009 Cándido Ortíz Añón muere de un infarto en la prisión de Ocaña.

    Imágenes recuperadas de antiguas cintas de video Beta



    El rastro del crímen: Anabel Segura




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