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[ASESINO EN SERIE] José Antonio Rodríguez Vega, el mata viejas

Tema en 'Caso Cerrado' comenzado por Bentham, 29 de Octubre de 2017.

  1. Bentham

    Bentham Administrator Miembro del Equipo

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    (3 de diciembre de 1957 - 24 de octubre de 2002)

    Asesino en serie español, acabó con la vida de al menos 16 mujeres de 60 a 93 años entre agosto de 1987 y abril de 1988. El 19 de mayo de 1988 fue arrestado mientras paseaba por la calle. Su juicio comenzó en 1991 en Santander. En el momento de su arresto confesó los crímenes, pero a la hora de declarar ante el juez afirmó que las mujeres habían muerto por causas naturales, que él las dejaba simplemente inconscientes.

    Rodríguez Vega identificaba a su víctima y la seguía hasta familiarizarse con cada aspecto de su rutina. Cuando las conocía lo suficiente, se hacía pasar por reparador de televisores o albañil y se ofrecía a solucionar cualquier desperfecto. Luego las visitaba y las acompañaba durante un tiempo para lograr su confianza y poder entrar libremente en sus casas. En cuanto los concretaba, tomaba trofeos de cada uno de sus crímenes. Las familias de las víctimas identificaron objetos en la casa de Vega que lo vinculaban con los hechos. Fue sentenciado a 432 años de prisión. Cumplía condena en la cárcel de Topas, en Salamanca, pero fue apuñalado en 2002 por dos reclusos. Al día siguiente, fue enterrado en una fosa común.
     
  2. Kamila

    Kamila New Member

    Jose Antonio Rodriguez Vega (El violador asesino de la moto)

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    Como siempre digo: los violadores son el primer escalón de ascenso en la criminalidad, que llega, en muchísimos casos, al asesinato serial. Veamos uno de estos ejemplos.

    En su juventud, Jose Antonio Vega, se había convertido en un agresor sexual, cometiendo varias violaciones en un número indeterminado, hasta que fue detenido e identificado como el célebre "violador de la moto".

    Fue condenado a 27 años de prisión, de los que cumplió sólo ocho. Usando su poder de persuasión obtuvo el perdón de todas las mujeres que había violado menos el de una a la que no pudo engañar. No logró librarse de la cárcel, pero consiguió reducir su condena significativamente.

    A raíz de esa condena, su sorprendida esposa, le abandona y se lleva al único hijo de la pareja. Entonces él se buscó como compañera a una mujer disminuida mental.

    Sigue con una vida conyugal claramente poco satisfactoria durante la que lleva a cabo una doble vida: se esfuerza de ser un marido modelo mientras es un violador al acecho.

    José Antonio, joven, bien parecido, de maneras amables y gran seductor, es un hombre moreno de mirada penetrante, nariz aguileña y boca muy marcada. Además, se le suele caracterizar por un rasgo: su rostro de buena persona. Pero pese a su aspecto inofensivo, fue inculpado de al menos 16 asesinatos de ancianas, a las que previamente había violado.

    Durante un año (de abril de 1987 a abril de 1988), y sin la más absoluta impunidad, asesinó a dieciséis ancianas, intentando hacer simular sus muertes como naturales.

    Finalmente, cometería algunos errores que acabarían delatándole:

    En la casa en la que mató a Margarita González de 82 años, la policía encontró signos de violencia en lo que otra vez parecía un caso de muerte natural.

    En su siguiente crimen, otro error, nuevos signos de violencia, esta vez sangre en el cadáver de Natividad Robledo, una viuda de 66 años, que mostraba claramente haber sido violentada. A otra de sus víctimas se le encontró la dentadura postiza clavada dentro de la garganta.

    Finalmente, en una de las casas fue hallada una tarjeta con el nombre y dirección del presunto culpable... y poco después se producía la detención.

    La policía comprendió finalmente que tantas muertes de ancianas no era una epidemia.

    El 19 de mayo de 1988 José Antonio era detenido y confesaba sus fechorías a la policía. Cuando se registró su apartamento, la policía se encontró con un cuarto decorado en rojo en el que guardaba su secreto.

    Antonio tenía expuesta una colección de fetiches pertenecientes a sus víctimas, su particular museo de los horrores: joyas, televisores, alianzas, porcelanas, imágenes de santos, cada uno de ellos en memoria de los crímenes que había cometido...

    No lo guardaba por el valor de lo robado, sino por el valor que tenía para su morboso recuerdo.

    Este hombre es una persona muy ordenada, podemos decir que casi maniático del orden, y aquélla habitación parecía una pequeña exposición, los objetos estaban colocados casi expuestos, a manera de fetiches.

    Sin embargo, durante el juicio celebrado en Santander a finales de noviembre de 1991, niega todo por lo que se le acusa, y dice que las 16 muertes por las que fue condenado eran debidas a causas naturales.

    Rodríguez Vega se descubrió allí como un ególatra con afán de protagonismo que miraba fijo a las cámaras, sin huir ni taparse, deseoso de que se conociera su cara. Era sin duda el rostro de un asesino imperturbable, sonriente y cínico ante los insultos de los familiares de las víctimas, que alardeaba del perdón que le concedieron las mujeres que violó y de ser recibido después en las casas de esas mujeres.

    También alardeó de no tener problemas sexuales, afirmando que hacía el amor todos los días. Luego, declaró que actuaba movido por un sentimiento de odio hacia su suegra y hacia su madre, a la que temía por un lado y por la que se sentía atraído sexualmente desde niño por otro.

    Los psiquiatras tuvieron que discernir si se trataba de un psicópata desalmado o de un ser humano con las facultades mentales perturbadas. Sus informes fueron concluyentes: "Conserva inalterado su sentido de la realidad y es capaz de gobernar sus actos, siendo resistente a los tratamientos, lo que ensombrece su pronóstico: su peligrosidad es muy alta".

    "Llegamos a la conclusión de que su imputabilidad era plena, porque su inteligencia era absolutamente brillante. Era un psicópata, con esa característica de ese grupo de psicó patas, esa frialdad clásica, sin remordimientos, no se conmueven, es un personaje ver daderamente hecho para el crimen..."

    Estos informes psiquiátricos son determinantes, lo consideran un perverso sexual, una máquina de matar que distingue el mal, y por ello fue sentenciado a 440 años de cárcel, cumpliendo la pena máxima.

    Desde entonces, ha ido de cárcel en cárcel estudiando derecho, pues sigue negando los crímenes y se ha empeñado en demostrar que es inocente.

    En Caravanchel, José Antonio intimó con otro conocido asesino en serie español, Manuel Delgado Villegas "El Arropiero".

    Los funcionarios de la prisión comentaban asombrados y divertidos por la situación, cómo entre ambos se había producido una macabra rivalidad entorno a
    cómo habían acabado con la vida de sus víctimas...

    Incluso había concedido entrevistas en las que se enorgullecía de sus actos y pronunciaba frases del estilo:

    " Todos los hombres han sentido alguna vez deseos de violar a su madre". "Yo digo 'hola' en un medio de comunicación y me pagan cien mil pesetas"
    "Todas las víctimas me recordaban a mi madre y a mi suegra, que eran unas sinvergüenzas y veneno."

    "Cuando recordaba a mi madre y a mi suegra me entraba una especie de excitación, de vergüenza inconsciente, de agresividad pensando en lo que me habían hecho. Tenía un temblor y escalofríos y me sentía llevado."

    "Me sorprende cómo aún están vivas mi madre y mi suegra. Desgraciadamente, han pagado estas estimadas señoras."

    "Con la mayoría de las ancianas que maté hice el amor con su consentimiento o me incitaron a ello."

    "Tras hacer el amor o algunos manoseos les tapaba la boca a consecuencia del impulso que sentía, y desistía tras un rato."

    "Desconocía si las ancianas quedaban vivas o muertas."José Antonio, tiene 44 años, había llegado 48 horas antes a la prisión salamantina de Tropas, procedente de la prisión de Murcia. Desde que ingresara en prisión, el 24 de mayo de 1988, siempre estuvo calificado en primer grado, el reservado a los
    más peligrosos. Pero el 24 de octubre de 2002 la emprendieron tres reclusos con Vega. Comenzaron a pegarle con un calcetín con piedras dentro, y le clavaron sendos estiletes en el cuerpo del psicópata asesino de ancianas.

    Entonces, el leonés Enrique Valle González y el coruñés Daniel Rodríguez Obelleiro sacaron sus pinchos. 'Empezaron por apuñalarle en la nuca', cuenta el citado funcionario de Topas, 'luego en la cabeza; le sacaron los ojos e incluso masa encefálica... Imagine la frialdad de Enrique, que se detuvo un rato a afilar el pincho en el suelo para sentarse después sobre la barriga de su víctima, ya cadáver, y convertirle el pecho en un colador, empuñando el pincho con las dos manos. En total fueron 113 puñaladas'

    El funcionario de servicio, al ver lo que sucedía, entró en el patio, pero FMG y DRO salieron a su encuentro, este último esgrimiendo el punzón. Uno de ellos le advirtió: "¡Qué quieres defender a un violador! ¿Vete que te meto!". Mientras EVG seguía atacando a Rodríguez Vega, sin que el trabajador de prisiones pudiera hacer nada por evitarlo.

    Una vez consumada la sentencia, los reclusos, con absoluta tranquilidad, entregaron a los funcionarios sus armas. Los autores fueron llevados a celdas de aislamiento. En tanto, un impresionante charco de sangre envolvía lentamente el cadá ver de Vega.
     

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